
Antes de que sonara el pitazo inicial en la Copa Mundial de Fútbol 2026, muy pocos conocían a Josimar Dias (Vozinha). Pero, cuando el certamen comenzaba a tomar vuelo, del arquero de Cabo Verde ya se hablaba con fuerza. Su nombre retumbaba igual que el de los más reconocidos goleadores.
Tal vez no viajó con tantas pretensiones, ni mucho menos con un puñado de sueños. Pero el solo hecho de que lo hacía por el honor de una camiseta, de una selección que asistía a su primera participación mundialista, ya se sentía protagonista.
Los estadios de Atlanta, Houston y Miami fueron testigos del tremendo arrojo de ese cuarentón, que aprendió a defender bajo los tres palos apoyándose en videos de YouTube, porque en su pequeño archipiélago no había entrenadores de porteros.
Vozinha se hizo grande en los terrenos estadounidenses, no solo como defensor del arco caboverdiano, también capitaneando a un conjunto sin llevar el brazalete y enfrentando sin complejo a jugadores y elencos de enorme trayectoria.
Estuvo gigante frente a la España, de Yamal, Pedri, Oyarzabal… Se le vio inmenso ante Argentina, la campeona vigente, de Messi, Lautaro, Emiliano…
Ahora, regresa a casa haciendo realidad lo que siempre le pareció una utopía: enfrentar cara a cara al mejor jugador de la historia, Lionel Messi, según su criterio, porque hasta la ilusión mundialista –meses atrás- también se antojaba lejana.
Frente al once albiceleste se plantó como todo un consagrado, este viernes, en el partido de dieciseisavos de final. Paró una y otra vez los remates del astro gaucho. Y puso a sufrir a la escuadra de Lionel Scaloni; mientras, su madre lo miraba desde las gradas.
Nada, absolutamente nada, hay que reprocharle, ni aun cuando su selección quedaba eliminada. Por el contrario, con sus atajadas conquistó millones de seguidores, para convertirse en líder indiscutible de un equipo que pisó el césped sin muchas ambiciones.
Por eso, cuando el monarca alce la copa y se haga el recuento de la presente versión, se seguirá hablando de Vozinha. Él demostró que no hace falta conseguir títulos para sentirse campeón.
