Céspedes: un temible jaqueador

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 11 abril, 2019 |
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Bayamo fue la primera población de Cuba y del continente americano donde se jugó ajedrez. Testimonia este hito la partida entre Don Manuel de Rojas, ayudante del Adelantado Diego Velázquez y Cuéllar, y un párroco de apellido Estrada, en 1515.

Entre las figuras históricas vinculadas al juego ciencia resulta de obligada referencia el bayamés Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, quien según información recopilada por investigadores de la casa natal, se instruyó de joven en los principios del juego por su tío Ramón Céspedes Barrero, también patriota.

A principios de 1840 cultivó la práctica ajedrecística en su natal terruño, donde sostuvo  partidas con amigos y parientes, entre ellos Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera, José Fornaris, Ramón Céspedes Barrero y Jorge Carlos Milanés.

En 1848, según referencias de Rafael Esténder, en su libro Céspedes, el precursor, después que abandona los trajines del bufete se inserta en sus aficiones deportivas.

En marzo de 1851, Céspedes fue nombrado presidente de dos de las más importantes secciones de la Sociedad Cultural Bayamesa “La Filarmónica”, las de Declamación y Ajedrez.

“Para 1855 –refiere Estender- aparecen en el periódico El Redactor, de Santiago de Cuba, diversos artículos donde Céspedes explicaba las reglas del ajedrez, a partir de una traducción realizada por él mismo de la obra Leyes del juego de Ajedrez, del maestro francés Louis Charles La Bourdonnais.

La Bourdonnais, explica Esténder, continuaba la tradición francesa de Philidor,  de osadas combinaciones al estilo clásico.

Este rotativo lo calificaba como “un temible jaqueador” y reproducía  partidas y agudas críticas sobre cuestiones técnicas del juego.

Por su labor de difusión del ajedrez en Bayamo y otras partes del país, tal vez no sea exagerado considerarlo como el iniciador del movimiento de peñas deportivas.

Investigaciones archivadas por el museo casa natal corroboran que durante los difíciles años de la guerra, el Padre de la Patria jugaba ajedrez frecuentemente.

“Según su ayudante personal, el Coronel del Ejército Libertador Fernando Figueredo Socarrás, las piezas y el tablero solía llevarlas a través de la manigua, un burro de carga llamado Masón, que al sonar los disparos ponía las patas en polvorosa, aunque regresaba al campamento mambí, al renacer la calma.

“La última vez que esto sucedió, en el año 1873, el borrico fue capturado por las fuerzas españolas, las retuvieron los enseres ajedrecísticos, alegando que estos servían a los insurrectos para planear tácticas de guerra.”

Según el artículo Céspedes y el ajedrez, este sostuvo duelos en momentos cruciales de su vida, tales como el 28 de octubre de 1873, cuando jugó una partida con el Diputado  Ramón Pérez Trujillo, uno de los que apoyó su destitución como presidente de la República de Cuba en Armas.

Sin saberlo, sostuvo su último duelo ajedrecístico en la mañana del 27 de febrero de 1874, horas antes de su muerte, teniendo como oponente al Capitán del Ejército Libertador José Lacret Morlot, Prefecto de San Lorenzo.

Según el artículo, se conoce con certeza que las tropas enemigas  luego de profanar el cadáver del patricio bayamés, se apropiaron de sus pertenencias, entre ellas, un juego de ajedrez en miniatura, fabricado de ébano y marfil enviado por su esposa Ana de Quesada desde Estados Unidos.

El héroe de San Lorenzo cuentan, era  capaz  de jugar a ciegas, hasta de aceptar simultáneas con distintos opositores y rara vez perdía. Aun hoy, a más de tres  años, sus partidas ofrecen ejemplos de alta escuela.

Su afición por el juego ciencia germinó en Bayamo en una Academia de ajedrez que hoy lleva su nombre, un merecido tributo al hombre que dejó vida de “rey” y cual peón se puso al servicio de la Patria.

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