
El joven abogado Fidel Castro, acompañado del dentista Pedro Celestino Aguilera Gonzalez, visitó a los obreros de las minas de manganeso de Charco Redondo, abril de 1953, hace 73 años.
Allí contactó con Ramón Paz Borroto y otros dirigentes del sindicato de los trabajadores mineros. Se interesó por el modo de vida de los obreros, el pago de los salarios y las enfermedades que los afectaban, sobre todo el manganismo.
En la concepción militar para derrotar la dictadura de Batista Fidel quería que los mineros de Charco Redondo se encargaran de volar los puentes de la región del Cauto y destruir en ferrocarril central, al tiempo que sendos comandos revolucionarios atacaban los cuartales Guillermo Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo, respetivamente.
Sin embargo, esta primera presencia del líder revolucionario en las minas de Charco Redondo es un episodio poco conocido, tal vez por el carácter secreto de las conversaciones con los dirigentes mineros.
Aún faltan por contestar preguntas interesantes: ¿Quiénes acompañaron a Fidel en este recorrido? ¿Con quiénes contactó en Charco Redondo? ¿Qué túneles recorrió y qué las ideas que fue exponiendo? ¿Qué Fidel expuso sobre su presencia en ese lugar en 1953?
LA CLAVE DE CHARCO REDONDO
El 3 de abril de 1953, Fidel llegó a la ciudad de Santiago de Cuba, en compañía de Ernesto Adolfo Tizol Aguilera y Raúl Inocente Martínez Ararás, con los objetivos de orientar a Renato Guitar Rosell las tareas de aseguramiento para las operaciones a ejecutar en Santiago de Cuba y Bayamo.
En ambos lugares se necesitaban de condiciones indispensables para asegurar la llegada de los combatientes y de las armas desde La Habana, Artemisa y Matanzas.
A la vez, llegó hasta Palma Soriano donde existía un foco subversivo, a cargo de Oscar Alberto Ortega (Nito) y el dentista Pedro Celestino Aguilera González (Tito). Ellos lo pusieron al tanto del fermento revolucionario en las minas de Charco Redondo, con hombres que aportaban dinamita, mechas, cables y fulminantes para el proyecto político antibastiano. En ese lugar Aguilera prestaba sus servicios como dentista y contaba con una abundante clientela.
Fidel percibió que estaba ante recursos logísticos valiosos para destruir puentes y ferrocarriles en el Valle del Cauto que evitara la pronta llegada de refuerzos militares enemigos a Santiago de Cuba y Bayamo, puntos escogidos como detonantes del nuevo grito libertario.
Por tanto, al día siguiente, emprendió el viaje hacia Charco Redondo.
LAS LUCHAS POLÍTICAS Y SOCIALES DE LOS MINEROS
Desde que Batista asumió el poder por la fuerza, el 10 de marzo de 1953, los mineros liberales y ortodoxos de Charco Redondo, se nuclearon para secundar las acciones de oposición a la dictadura. Algunos de sus más destacados dirigentes como Ramón Paz Borroto, Rafael Oliva, Ulises Góngora Valera, Raúl Rosales, William Rodríguez Viamonte, Juan Manuel Pérez Tassé, Luis Antonio Pantoja (Negro), Armando Ramírez Fonseca y Omar Ginarte Quiñones, procedían de las filas del Partido Ortodoxo.
De acuerdo a las investigaciones realizadas por varios historiadores, el grupo revolucionario de Charco Redondo para abril de 1953 estaba compuesto por unos 15 revolucionarios, bajo la guía de Ramón Paz, uno de los compresoristas del Batey no. 2 de las minas de manganeso.
Esta vanguardia revolucionaria discutía sistemáticamente con los propietarios de la mina, sobre todo con Francisco Cajiga, la subida de los salarios, el mejoramiento de las condiciones inhumanas de trabajo, la falta de seguridad laboral, la atención médica gratis, la electrificación del poblado y los riegos de contraer el manganismo, el cual tullía a los enfermos.
El pensamiento político avanzado de Ramón Paz servía de catalizador al grupo, al que comentaba: “Es inevitable que ha Batista hay que tumbarlo con las armas en la mano, pero si la Revolución no es verdadera hay que seguir luchando hasta que sea una verdadera Revolución”.
Se ha dicho que los dirigentes mineros contactaron con los núcleos revolucionarios existentes en Santa Rita, Jiguaní, Contramaestre, Palma Soriano, Bayamo y Yara, a través de las relaciones que Ramón Paz había tenido en cada uno de esos puntos.
FIDEL EN CHARCO REDONDO
Llegó en una máquina, manejada por Pedro Celestino Aguilera, en compañía de Raúl Martínez. Tras la presentación de Aguilera, el joven Fidel Castro fue recibido con entusiasmo por los trabajadores mineros. Quizás nada conocían de su trayectoria revolucionaria, pero el optimismo combativo del oriental, la precisión política de sus ideas progresistas y el pensamiento común de tumbar a Batista por medio de las armas, los unió en palabra y acción al momento.
Los obreros escucharon con atención sus palabras, al punto que pronto generó en un dialogo franco y transparente.
De pronto, el joven mostró su interés de recorrer los túneles, apreciar in situ aquellas condiciones infrahumanas de trabajo. Le acompañaron a los galerías del Batey no. 2, Ramón Paz, Manuel Pérez y William Rodríguez, entre otros.
Poco se sabe del momento en que Fidel abordó el tema del apoyo militar a las acciones armas en Santiago de Cuba y Bayamo. En cuanto a la disposición de aquellos recios hombres del manganeso, no caben dudas de que fue inmediata e incondicional.
El contacto con los mineros sería a través de Aguilera, encargado de mantenerlos al tanto sobre los planes a seguir. Por el momento debía acopiarse la mayor cantidad posible de dinamita y disponer de los medios de transporte para moverse rápidamente hacia los objetivos seleccionados.
De Charco Redondo, Fidel, Raúl Martínez y Pedro Celestino Aguilera siguieron hasta la ciudad de Bayamo, donde estudió las vías de comunicaciones por carretera y ferrocarril y valoró la posibilidad de dinamitar los puentes del río Bayamo, al oeste de la ciudad, y el río Cauto, en el poblado de Cauto Cristo. Estas acciones debían ser ejecutadas simultáneamente con los ataques armados a las fortalezas batistianas.
Sin embargo, más tarde, se tomó la decisión que los mineros actuarían una vez tomado el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, acciones que no se llevaron a cabo al fracasar el asalto en la madrugada del 26 de julio de 1953.
EL REGRESO VICTORIOSO A CHARCO REDONDO
Fidel regresó a Charco Redondo, el 3 de diciembre de 1958, al mando de una agrupación de fuerzas de las columnas no. 1 José Martí, del I Frente, y la columna no. 3, pertenecientes al III Frente Oriental, mandado por el comandante Juan Almeida.
En el arduo camino de la lucha revolucionaria ya habían entregado su vida el comandante Ramón Paz Borro y Ulises Góngora, entre otros muchos mineros que laboraron en Charco Redondo.
El 6 de diciembre, Fidel se reunió nuevamente con los trabajadores mineros. De entrada les precisó el regocijo que todos vivían por encontrase en una tierra ya completamente libre de la opresión de la tiranía: “Nos encontramos reunidos hoy con el gran privilegio de gozar de libertad, no porque la libertad en sí represente un privilegio, sino que por el estado de tiranía que ejerce el gobierno despótico, en los distintos lugares de la isla, hace posible que dicho respiro, que dicho estado de libertad, represente un privilegio con relación a los demás pueblos de la nación…”
A Fidel le preocupaba grandemente que la aviación batistiana pudiera ametrallar y bombardear Charco Redondo, en represalia a la ocupación del poblado por el Ejército Rebelde. Por eso, les solicitó que construyeran refugios individuales y colectivos, con la cooperación de los miembros de la policía militar rebelde.
Entre los elementos que recordó estuvo su visita de abril de 1958: “… hace seis o siete años, no recuerdo el tiempo, condolido por las quejas y sufrimientos que estaban precisamente latentes en los trabajadores de las Minas de Charco Redondo, hice una visita a ésta, observando el personal, los túneles, etc. Esta visita sucedía antes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, pasó casi inadvertida para el pueblo, puesto que no me di a conocer, pero en mi mente quedó grabado el recuerdo de este recorrido…”
Y abundando en la estrategia trazada desde entonces señalaba: “… una vez presentado el problema de la opresión que ejercía el gobierno, inmediatamente pensé en los obreros de las Minas de Charco Redondo, porque esta era la clase más sacrificada y la más revolucionaria, aunque veía como un sueño la ayuda que pudiera prestarles, siempre pensé que cuando fuera a realizar el primer ataque al Cuartel Moncada, a los primeros que les daría armas sería a los obreros de ésta, porque aquí fue donde surgió la idea de que ellos se podrían rebelar contra la dictadura”.
Y el recuento histórico lo concluía con estas ideas: “Como lo pensé así sucedió. Porque ellos fueron los primeros que colaboraron con la causa y los que mismos se han sacrificado, porque aquí todo el mundo es revolucionario…”
FUENTES: Mario Mencía: El grito del Moncada (1986) y El Moncada, la respuesta necesaria (2013); Jorge Renato Ibarra Guitart: Renato Guitart. Todo valor (1998); y Alberto Alvariño Atiénzar, Mílderth Álvarez Pérez y Cecilio Jiménez Marroquí: Ramón Paz Borroto: en la forja de una proeza (2018).
