Julius Fucik nació en el seno de una familia obrera en enero de 1903. Estudió filosofía en la Universidad de Pilsen. Fue periodista.
En 1921 ingresó en el Partido Comunista checo y por esas mismas fechas se inició como crítico literario y teatral.
Luego fue redactor de las publicaciones comunistas Rude Pravo y Tvorba, en las que publicó reportajes sobre temas sociales y culturales.
A comienzos de los años treinta realizó varios viajes a la Unión Soviética. Fruto de esos viajes es su obra documental En la tierra donde el mañana ya es ayer.
Cuando el ejército nazi ocupó Checoslovaquia, continuó publicando con seudónimo, recuperando las figuras clave de la cultura progresista checoslovaca.
En febrero de 1941 pasó a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista en la clandestinidad, encargándose de las publicaciones ilegales.
En abril de 1942 fue detenido por la Gestapo, mientras participaba en la resistencia contra la ocupación nazi (el fascismo alemán).
Su reportaje Al pie de la horca fue sacado hoja por hoja de la cárcel, gracias a la ayuda del guardia Kolínský vinculado a la resistencia, quien comprobó con mucho cuidado que sus superiores maltrataban a otros presos para acercarse a Fucik y decirle “Por si acaso… si quiere usted enviar un recado para alguien… O si quiere escribir… No para ahora, ¿comprende?, sino para el futuro: para que todo lo que sabe no se marche con usted”. Julius Fucík le escuchó.
Al pie de la horca fue entregado a su esposa y publicado en 1945, adquiriendo resonancia internacional.
Ahí describió los tormentos por los que pasó en cada interrogatorio. Pero, a pesar de las increíbles torturas, no les dijo una sola palabra.
Ahora ya puedo contar con más tranquilidad los golpes. El único dolor que siento es de los labios, mordidos por mis dientes”. Como tantos otros periodistas que han sufrido la persecución y el encierro.
Julius Fucik hizo de la cárcel su trinchera para seguir combatiendo hasta el último momento. En aquel lugar escribió sus vivencias.
“Allí, durante el interrogatorio […] no ha quedado más que el simple sujeto y su atributo; el fiel resiste, el traidor traiciona, el burgués desespera, el héroe combate”.
Dolor y la muerte lo esperan en la celda, le falta el aire. Se ahoga. No puede moverse. Los dolores son permanentes. La agonía no es hermosa.
Habla con la muerte. Y escribe “Has tardado mucho en llegar “. Y sin embargo, esperaba conocerte más tarde. Esperaba vivir aún la vida de un hombre libre: poder trabajar mucho, amar mucho, cantar mucho y recorrer el mundo”.
Y Julius combatió y venció. Antes de ser ejecutado escribió:
“Hombres, os he amado. ¡Estad alerta!”
¡Estad Alerta! de la dinámica de fascistización que sigue su curso aquí en América del Sur.
Julius Fucik sentía que había cumplido con su deber. Lo escribe en su testamento: “Lo repito una vez más: hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre”.
En abril de 1942 fue detenido por la Gestapo, trasladado a Berlín en el verano del siguiente año y ejecutado poco después.
Hace 83 años, el 8 de septiembre de 1943 Julius Fucík era colgado en la horca por los nazis.
En 1950, en homenaje póstumo, se le concedió el Premio Internacional de la Paz.
Desde el año 1968, se conmemora ese día como el “Día Internacional del Periodista”, fecha destinada a resaltar la importancia de la profesión del periodismo en su labor de buscar la verdad y en defensa de la libertad de expresión.
Por ello, es justo homenajearlos y reconocer el papel que tienen en la sociedad, sobre todo con relación a la actualización de cuanto acontece.
