Mujer, ternura y fuerza

Share Button
Por Yoenis Pompa Silva | 8 mayo, 2026 |
0
FOTO / Marlon García Zaya

Dulce María Pita Ávila, es una trabajadora que su vida ha sido marcada por la constancia, el sacrificio y el sentido de pertenencia.

A las puertas de la jubilación en Servicios de Seguridad y Protección (SEPSA), en Bayamo, repasa su historia profesional y personal, en la que el trabajo no solo ha sido sustento, sino también refugio, familia y razón de orgullo.

Reconocida recientemente con la Medalla Jesús Menéndez Larrondo,  resume su vida laboral, durante más de dos décadas en una misma empresa.

“Llevo 24 años de trabajo en SEPSA, perteneciente al sindicato  Civiles de la Defensa.

“Desde que comencé fui dirigente sindical. He transitado por múltiples funciones dentro de la empresa, lo cual me ha aportado versatilidad en mi trabajo, donde me mantengo de manera ininterrumpida.

“He sido especialista de recursos humanos, de seguridad y salud en el trabajo, de proyectos y especialista comercial; prácticamente he recorrido toda la empresa. Eso me permitió entenderla de manera integral”, explica.

—El trabajo dejó de ser solo una responsabilidad para convertirse en parte esencial de su vida.

“Mi colectivo se convirtió en mi familia; ha sido mi apoyo constante, ahí he encontrado, comprensión y sentido de pertenencia. Este grupo de trabajadores siempre ha sido excelente, es una característica inherente de la entidad.”

—Cuando mira atrás, ¿qué ha sido más desafiante: el trabajo o la vida personal?

“La combinación de ambos. Tengo una sola hija, y muchas veces ella sentía que yo priorizaba el trabajo, pero no era así.

“Desde joven no pude contar con el apoyo de mis padres, la muerte me arrebató esa suerte de estar más tiempos juntos y disfrutar de la familia, por lo que tuve que asumir toda la responsabilidad de una casa, pero aun así logré salir adelante como madre, mujer y trabajadora.

“En ausencia de una familia cercana, solo tengo una hermana que vive en Pinar del Río, mis compañeros ocuparon ese espacio afectivo.”

A punto de cumplir 61 años de edad y con ello la recesión laboral definitiva por tiempo de servicio, expresa que cuando llegue la jubilación, piensa recontratarse.

“Espero con tranquilidad mi jubilación, pero sin detenerme. Ya la solicité y pienso reincorporarme a la misma empresa. Me siento bien, con fuerzas, con ganas, y quiero seguir aportando mis conocimientos y sabiduría”, asegura.

—En medio de las dificultades actuales que afrontamos, usted insiste en la felicidad. ¿De dónde nace esa convicción?
“De la actitud ante la vida. Siempre hay problemas, pero hay que buscar soluciones. Nadie va a venir a resolvernos nada, somos nosotros los que tenemos que hacerlo. Pasar de inmediato del discurso a la acción.”

—Desde su experiencia como trabajadora en SEPSA ¿un mensaje motivador?

“El trabajo es la base de todo. Hay que organizarse, reinventarse constantemente, y entender que todo se logra con sacrificio y pasión por lo que amamos”, aconseja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *