
Hace 126 años, el 20 de agosto de 1900 le nacía a Cuba una Ilustre artista con una brillante participación en el teatro, la radio, el cine y la televisión. Rita Aurelia Fulceda Montaner Facenda: una inigualable mujer conocida en el mundo artístico como Rita Montaner.
Desde pequeña sus padres notaron su afición por la música y le compraron un piano. Además, en la zona en la que residía se escuchaba claramente el sonido de los tambores batá, el toque carabalí y la rumba de cajón.
Realiza estudios de música en 1910 en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peyrellade. Cuenta entre sus profesores con Carmelina Pascual, en solfeo y Pablo Meroles, en teoría de la música, armonía, piano, y canto.
El 16 de marzo de 1922 participa en los Conciertos de Música Típica Cubana organizados por el compositor Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta dirigida Gonzalo Roig.
Ese mismo año, actúa en la inauguración de la radioemisora PWX, acompañada por la orquesta dirigida por el compositor Luis Casas Romero.
En 1923 se presenta en el Teatro Nacional (Gran Teatro de La Habana) en el Festival de Canciones Cubanas organizado por Sánchez de Fuentes; en febrero del mismo año actúa en el teatro Luisa Martínez Casado, de Cienfuegos, y el 22 de marzo, en el teatro Principal de la Comedia, en un concierto de música sacra organizado por Néstor de la Torre.
En la Sala Falcón de La Habana, canta con Lola de la Torre el dúo de la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli. Actúa, además en el Festival de Música Cubana organizado por el periodista Guillermo de Cárdenas y el pianista y compositor Ernesto Lecuona, quien la acompaña al piano.
En 1926 viaja a Nueva York, donde trabaja con la compañía Follies Schubert en el cuadro español, Una noche en España, y en el Teatro Apolo, lo hace con el violinista Xavier Cugat.
Después de seis meses de actuación en esa ciudad, regresa a Cuba.
Estrena en el Teatro Regina (Cine Jigüe), el sainete Niña Rita o La Habana en 1830, de Lecuona y Eliseo Grenet, con texto de Riancho y Castells, donde representa el personaje de José Rosario, calesero, y canta por primera vez su ahora antológica ¡Ay!, Mamá Inés. Ese mismo día actúa en La tierra de Venus, con música de Lecuona y texto de Primelles, en la que interpreta Siboney.
En 1929 viaja a España, contratada por la compañía de Velasco, para presentarse en los teatros Apolo, de Valencia, y en el Infanta Beatriz, en este último con la compañía de Barreto.
Nueva York la recibe de nuevo en 1931, donde canta en varias radioemisoras, y es contratada por Al Jolson para formar parte de su show musical.
Participa en la obra The Wonder Bar, de Géza Herczeg, Karl Farkas y música de Robert Katscher.
Con esta obra, Rita se presenta en Detroit, Washington, Boston, Baltimore, Filadelfia, Cleveland y Chicago.
Rita viajó a México en 1933, con Bola de Nieve, como pianista acompañante. Actúan en Yucatán, Mérida y Ciudad de México, contratados en este último estado por la Compañía Campillo, con la que se presenta en los teatros Iris y Politeama.
En Cuba se presentó durante varios años en el cabaret Tropicana acompañada al piano unas veces por Ignacio Villa (Bola de Nieve) y otras por Felo Bergaza. Además actuó como actriz en la televisión. Fue la artista que en la primera mitad del siglo XX alcanzó mayor resonancia en el territorio nacional y en el extranjero.
Entre sus grandes éxitos como cantante se encuentran “El Manisero”, de Moisés Simons, “Siboney”, de Ernesto Lecuona y “Ay Mamá Inés”, de Eliseo Grenet. Como actriz trabajó en películas cubanas y mexicanas.
El personaje de la negra Mercé lo interpreta en el filme mexicano Angelitos negros, junto a Pedro Infante.
Rita de Cuba, es considerada como uno de los registros más auténticos en la historia del género son, sin embargo, su consagración artística tuvo lugar cuando protagonizó la zarzuela Cecilia Valdés, del maestro Gonzalo Roig.
Así la consideró el gran poeta cubano Nicolás Guillén el 28 de marzo de 1942, en un homenaje que le tributó el Partido Socialista Popular.
Guillén especificó: “No hay tan adecuado modo de llamarla, si ello se quiere hacer con justicia. De Cuba porque su arte expresa verdaderamente lo nuestro… pues sólo ella y nadie más ha hecho del solar habanero de la calle cubana, una categoría universal.”
Rita Montaner falleció en La Habana el 17 de abril de 1958.
