Alejandro Von Humboldt: segundo descubridor de Cuba

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 6 mayo, 2026 |
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Alejandro Von Humboldt nació en el seno de una familia aristocrática. Desde pequeño sintió amor por la naturaleza, dedicándose a la colección de insectos y plantas, lo cual hizo que sus familiares lo calificasen de “pequeño botánico”.

Humboldt fue geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador. Se le considera el segundo descubridor de Cuba, pues reveló las verdaderas características geográficas de esta Isla.

Horas antes de abordar la embarcación que lo trajo a nuestro continente escribió:

“Estoy aturdido de alegría. Zarpo en la fragata española Pizarro. Desembarcaremos en las islas Canarias y en la costa de Caracas. Desde allí seguiremos trabajando ¡El hombre debe luchar por lo bueno y lo grande! Tratare de averiguar cómo actúan las fuerzas de la naturaleza unas sobre otras, y de qué manera influye el ambiente geográfico en las plantas y en los animales. Resumiendo lo que quiero es hacer observaciones acerca de la armonía de la naturaleza “

El 19 de diciembre de 1800, llegó La Habana y escribió: “La entrada del puerto es una de las más alegres y pintorescas de que pueda gozarse en el litoral de la América equinoccial”.

Durante su estancia en Cuba trabajo incansablemente. Observó, estudió, analizó e investigó sobre flora, fauna, geografía o topografía cubanas. A él se deben la determinación exacta de la situación de la ciudad de La Habana y la creación del primer mapa científico de nuestro país.

En Cuba recorrió los alrededores de La Habana y del valle de Güines, visitó la costa sur explorando los cayos, ensenadas y cabos. Recogía muestras de plantas y animales, anotaba precisiones del clima en Cuba, a la vez que se interesaba por el trabajo en las vegas de tabaco y los ingenios azucareros.

Humboldt nunca dejó de aprender. Hablaba con fluidez el alemán, francés, español e inglés. En su larga vida escribió casi 50 mil cartas a científicos y amigos. Es uno de los naturalistas alemanes más renombrados de la historia. A él se deben valiosas contribuciones, experimentos e investigaciones a numerosas ciencias.

Terminado el viaje, Humboldt regresó a Europa y se dedicó a dar a conocer sus descubrimientos. Publicó 32 volúmenes de su Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente (1814 y 1831). Más tarde publicó cinco tomos de su obra magna, Cosmos (1845-48), concebida como un compendio de todos los conocimientos sobre ciencias naturales existentes en la época.

Toda su obra tiene una extraordinaria calidad literaria. En sus diarios de viaje deja claro que la ciencia y la poesía no son antagonistas sino complementarias:

“Las descripciones de la naturaleza pueden ser claramente delimitadas y científicamente precisas sin por eso perder el soplo vivificante de la imaginación. El carácter poético debe emerger de la relación entre sentidos e intelecto, debe emerger (…) de la unidad inherente a la propia naturaleza”.

Falleció el 6 de mayo de 1859 en su propia casa natal de Berlín. Fue sepultado en el parque del palacio de Tegel, el 11 de mayo de 1859, luego de un acto oficial en la Catedral de Berlín.

Hasta su muerte gozó de un amplio reconocimiento dentro de la sociedad berlinesa. Cuando su ataúd fue escoltado, el 10 de mayo de 1859, a la tumba familiar en el castillo de Tegel, fue seguido por centenares de admiradores.

En un discurso conmemorativo se dijo: “Una mente brillante en el reino del intelecto ha desaparecido de este mundo“.

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