Ramala.- (PL) Informar desde Gaza es hoy en una de las profesiones más peligrosas del mundo. En mil días de ofensiva israelí contra el enclave palestino, al menos 265 periodistas perdieron la vida, cientos resultaron heridos y decenas fueron detenidos.
Portar una cámara o un micrófono dejó de ser únicamente una herramienta de trabajo para convertirse en un factor de riesgo. Mientras documentaban ataques, desplazamientos, hambre y destrucción, los comunicadores palestinos también pasaron a formar parte de las víctimas directas del conflicto.
De acuerdo con el Sindicato de Periodistas Palestinos, desde el inicio de la guerra, el 8 de octubre de 2023, Israel asesinó a 265 periodistas, entre ellos unas 27 mujeres, hirió a cerca de 500 y detuvo a más de 34 profesionales de la prensa.
Por su parte, la Oficina de Medios en Gaza informó de 262 periodistas muertos y otros tres desaparecidos, cuyo paradero sigue sin esclarecerse. Aunque ambas instituciones difieren ligeramente en el número total, coinciden en la magnitud de las pérdidas sufridas por el sector.
La guerra no sólo acabó con la vida de numerosos comunicadores, sino también con las condiciones mínimas para ejercer la profesión.
El subdirector del Sindicato de Periodistas Palestinos, Tahseen al-Astal, aseguró a la agencia turca Anadolu que entre el 60 y el 75 por ciento de los periodistas que permanecen en Gaza perdieron sus hogares o fueron desplazados por la fuerza.
Muchos de ellos trabajan ahora desde tiendas de campaña, refugios o espacios públicos, utilizando teléfonos móviles como principal herramienta de trabajo y enfrentando frecuentes interrupciones en el acceso a internet y a la electricidad.
Según el dirigente gremial, en la Franja laboraban alrededor de mil 200 periodistas antes del conflicto, de los cuales entre 700 y 900 quedaron sin vivienda.
A ello se suma la destrucción de más del 80 por ciento de las oficinas e instituciones de prensa, lo que provocó el colapso de buena parte de la infraestructura mediática del territorio.
En ausencia de redacciones, los alrededores de hospitales, campamentos de desplazados y refugios improvisados se transformaron en centros informativos desde donde los periodistas continúan documentando la realidad cotidiana de la población.
Entre los episodios más mortíferos figura el bombardeo del Hospital Nasser, en Jan Yunis, el 25 de agosto de 2025, donde murieron los periodistas Mariam Abu Daqqa, Hussam al-Masri, Muhammad Salama, Muath Abu Taha y Ahmed Abu Aziz mientras realizaban labores informativas.
Pocos días antes, el 10 de agosto, otro ataque aéreo israelí acabó con la vida de seis comunicadores, entre ellos los corresponsales de Al Jazeera Anas al-Sharif y Muhammad Qariqa, cuando se encontraban en una tienda de campaña próxima al Hospital Al-Shifa, en la ciudad de Gaza.
Durante la guerra, Al-Sharif se convirtió en una de las voces más reconocidas del periodismo palestino por documentar sobre el terreno las consecuencias de los bombardeos, el desplazamiento de la población y la crisis humanitaria.
La situación de los periodistas forma parte del deterioro general que vive Gaza, donde cientos de miles de personas permanecen desplazadas tras la destrucción de sus viviendas.
Desde el inicio de la ofensiva israelí, cerca de 73 mil palestinos murieron y más de 173 mil resultaron heridos, mientras alrededor del 90 por ciento de la infraestructura civil del enclave sufrió daños o quedó destruida.
En ese escenario, los periodistas palestinos continúan informando pese a la pérdida de familiares, viviendas y lugares de trabajo, en una cobertura marcada por el peligro constante y las limitadas condiciones para ejercer la profesión.
