Bonifacio Byrne: El poeta de la bandera

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 5 julio, 2026 |
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Más de 70 años tiene el poeta Bonifacio Byrne, su salud esta resquebrajada por las huellas que va dejando la vida y el cinco de julio de mil 936 fallecía “el último poeta patriótico de los tiempos coloniales” calificado así por Raimundo Lazo.

Fue poeta, dramaturgo y periodista cubano, conocido principalmente por sus poemas independentistas. Desde muy joven se apasionó por la literatura y ya en 1890 funda junto a Manuel de los Santos Carballo el periódico La Mañana y luego, con Gumersindo Moreno, La Juventud Liberal.

Emigra hacia Tampa, Estados Unidos, a raíz de la publicación de unos sonetos donde abordaba con indignación el fusilamiento de Domingo Mejía, que lo ponían en peligro.

El destierro fue duro. Sufrió escaseces, anduvo con zapatos rotos, desahuciado, desempleado, enfermó de paludismo, trabajó en varios oficios, y gracias a la solidaridad de sus compatriotas pudo rehacer su vida.

Durante su estancia en esta ciudad, se desempeñó como lector de tabaquería y escribió para varias publicaciones de la época como el Patria, El Porvenir y El Expedicionario.

En este destierro, desplegó una ardua labor separatista, y fundó el Club Revolucionario, del cual fue secretario. También en el exilio, en 1893, escribió su primer cuaderno de poemas Excéntricas, que fuera elogiado por el extraordinario bardo cubano Julián del Casal, que vio en él un hálito novedoso y maestría en el ritmo.

El 4 de enero de 1899, luego de concluida la guerra hispano-cubano-norteamericana, Byrne retornó a Cuba, a bordo del vapor Mascotte; ese mismo día, escribió su célebre poema «Mi Bandera», que no se publicó hasta el 5 de mayo de ese año en el periódico matancero de Cuba.

El poeta desde el barco, al entrar a la bahía habanera, divisó la bandera cubana junto a la de EE. UU; esta imagen le hizo percibir el futuro incierto de la Patria ocupada, y le inspiró el más conocido y recitado de sus poemas, que integra el volumen Lira y espada.

Su poema «A mi bandera» es uno de los más conocidos popularmente en Cuba por sus versos patrióticos y enérgicos.

Mi Bandera

Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste… !

Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!

En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve…

¿No la veís? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella,
con más luz cuando más solitaria.

Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.

Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el Sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!…

Byrne fue miembro fundador del grupo Índice en 1935, era socio correspondiente de la Academia Nacional de Artes y Letras y cultivó también el teatro con sus piezas El legado en 1908, El espíritu de Martí, en 1908 y Rayo de sol en 1911.

Su producción literaria comprende también las obras dramáticas El anónimo, de 1905, Varón en la puerta, 1905, El legado, 1908, El espíritu de Martí, 1908 y Rayo de sol, 1911, algunas de las cuales llegaron a publicarse.

Dejó en preparación la novela Hijas y yernos, el libro de cuentos Letra menuda y la colección de poemas Voces del alma.
Durante la república mediatizada fue secretario del Gobierno Provincial de Matanzas y de la Superintendencia Provincial de Escuelas.

En 1909 fundó el periódico “El Yucayo”. Colaboró en “La Primavera”, “El Ateneo”, “Diario de Matanzas”, “El Fígaro” y “La Discusión”.

Fue declarado Hijo Eminente de Matanzas en 1915 y ese mismo año se trasladó a Nueva York para reponer su quebrantada salud.

Murió en su ciudad natal el 5 de julio de 1936, en una república mediatizada, no independiente como el soñaba.

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