Fidel y Che, una hermanad entrañable

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 14 junio, 2026 |
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La memoria de muchos hombres y mujeres permanece indeleble a pesar de los cambios constantes que sufre la sociedad. Su impronta es tan grande, tan inmensa, que perdura a través del tiempo.

Entre esas figuras excepcionales, destacadas por sobre lo común, aparecen Fidel Castro Ruz y Ernesto Che Guevara, luchadores que han marcado el devenir histórico de la nación cubana. En sus pensamientos y actuaciones revolucionarias hay coincidencias que establecen una indudable continuidad.

El aniversario 98 del natalicio de Ernesto Guevara de la Serna, en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, muestra que a pesar de la geografía y la distancia la vocación revolucionaria une a los hombres y a los pueblos.

UNA SIMPATÍA RECÍPROCA

Para comprender bien esa relación de amistad y hermandad entre las dos sobresalientes personalidades debe partirse de las relaciones que establecieron desde México en julio de 1955 y durante las difíciles circunstancias de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

El joven médico Ernesto Guevara consideró que el haber conocido a Fidel Castro en México, el 14 julio de 1955, constituyó para él un “acontecimiento político”, que lo puso en contacto con el pensamiento revolucionario de un hombre inteligente y de una extraordinaria audacia. Y agregó con orgullo: “Creo que simpatizamos mutuamente”.

Venía de vivir la experiencia del Gobierno democrático de Jacobo Árbenz, en Guatemala, donde conoció personalmente a varios combatientes cubanos, entre ellos Antonio López Fernández (Ñico), participante en el ataque al cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

En México se volvieron a encontrar los dos amigos. Entonces Ñico lo puso en contacto con Raúl Castro y este a la vez con Fidel, en la casa de María Antonia González Rodríguez, una habanera exilada.

El Che jamás olvidó aquel primer contacto: “Charlé con él toda una noche, después de exponerme todos los motivos que tenía para iniciar esa lucha. Y al amanecer, yo era el médico de una futura expedición. En realidad, después de la experiencia vivida  a través de mis contactos por toda Latinoamérica y el remate de Guatemala, no hacía falta mucho para invitarme a entrar en cualquier revolución contra un tirano, pero Fidel me impresionó como un hombre extraordinario”.

De las similitudes de ideario político entre ambos, Fidel subrayaba: “Yo era comunista utópico. Eso tiene que ver con mis afinidades con el Che. Esa coincidencia en muchas ideas fue quizás una de las cosas que ayudaran mucho a la afinidad con el Che”.

De aquella primera conversación surgió el compromiso del Che de acompañar a los cubanos en su cruzada antibatistiana y una vez alcanzada la victoria poder seguir su ruta de libertador en otras tierras del mundo.

En su poema “Canto a Fidel”, el Che reflejó su alta disposición combativa: “Vámonos,/ardiente profeta de la aurora,/ por recónditos senderos inalámbricos/ a liberar el verde caimán que tanto amas”.

La identidad de ideas y proyectos queda enunciada en otra estrofa con rasgos bien definidos: “Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos/ reforma agraria, justicia, pan, libertad,/ allí, a tu lado, con idénticos acentos, / nos tendrás”.

EL LÍDER POLÍTICO Y MILITAR

El Che Guevara formó parte de la expedición armada del yate Granma: integrante del Estado mayor del naciente Ejército Rebelde, jefe de sanidad y con los grados de teniente.

Durante el primer combate, en Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956, el argentino se vio en la disyuntiva de escoger entre el maletín de médico y el fusil, optando por el arma. Era de los que decía que para ser médico revolucionario había que hacer primero la Revolución.

En sus palabras de elogio al Che, Fidel destacaba que pronto sobresalió por su valor y audacia, siendo ejemplo por su arrojo en los combates de La Plata, Llanos del Infierno y El Uvero. Después de esta última acción recibió la misión de curar los seis heridos guerrilleros, en una zona apartada de la vertiente sur de la Sierra Maestra, logrando preservar la vida de todos.

Pero al regresar al seno de la columna no. 1, dos meses y medios después, lo hizo al mando de una treinta de hombres medianamente armados y disciplinados. Por eso, el 18 de julio de 1957 en Palma Mocha lo ascendió a capitán y lo puso al frente de una segunda columna. Sin embargo, cuatro días después,  lo promovió al grado de comandante y la misión de operar al este del Pico Turquino, extendiendo sus acciones por Bueycito, Minas de Bueycito, Guisa, Bayamo y Jiguaní.

De las razones que tuvo para aquella promoción del singular médico y soldado guerrillero, Fidel señalaba en uno de sus muchos panegíricos del Che: “…era un insuperable soldado; Che era un insuperable jefe; Che era, desde el punto de vista militar, un hombre extraordinariamente capaz, extraordinariamente valeroso, extraordinariamente agresivo. Si como guerrillero tenía un talón de Aquiles, ese talón de Aquiles era su excesiva agresividad, era su absoluto desprecio al peligro”.

No solo libraba combates contra las fuerzas de la tiranía como los de Bueycito, Pinar Quemado, Mar Verde y Altos de Conrado, sino que con su capacidad creadora creó las bases guerrilleras de El Hombrito, Pata de la Mesa y La Otilia, en el sector montañoso de Bueycito.

De igual manera, fundó el periódico El Cubano Libre, el 4 de noviembre de 1957, teniendo el cuidado de invitar a Fidel a escribir artículos, comentarios y partes de guerra.

Lo mismo sucedió al crear la emisora clandestina Radio Rebelde, el 24 de febrero de 1958. Para la apertura invitó a Fidel, quien no cesaba de destacar la valía de aquel medio de comunicación.

EL PRIMERO EN TODO

El retrato moral de Fidel sobre su subordinado era en sentido admirativo, pendiente siempre de que no incurriera en alguna acción demasiado osada que le costara la vida. De esta preocupación contó varias veces: “A veces era temerario, de forma que yo mismo tenía que ejercer cierto control sobre él. Algunas operaciones que quería hacer se las controlaba, o las prohibía incluso, porque cuando empezaban los combates se enardecía mucho”.

La tenacidad y persistencia del Che en las acciones creada tensiones en el mando guerrillero, temiendo su caída en combate. Esta conducta, Fidel la evaluaba como temeraria: “Él era el primero en todo, se ajustaba estrictamente a las normas que predicaba, y tenía un gran prestigio, una gran influencia sobre sus compañeros”.

Dado el progreso alcanzado por el Ejército Rebelde y la apertura de nuevos frentes de guerra, el Comandante en Jefe resolvió que el Che pasara a trabajar directamente con él en la Comandancia General creada en La Plata, desde el 1 de mayo de 1958. Entre las misiones asignadas al gaucho estuvieron: la dirección de la emisora Radio Rebelde, instalada desde esos días en Cabezos de La Plata; la creación de aeropuertos en Cieneguilla, Manacas y Cayo Espino; como supervisor de la Escuela de Reclutas de Minas del Frío.

En la segunda quincena de mayo de 1958 el mando batistiano organizó una poderosa ofensiva contra el Primer Frente José Martí, principal baluarte guerrillero en la Sierra Maestra. Durante estas maniobras el Che forjó la columna número ocho, con la que libró decisivos combates en el sector noroeste de las montañas, entre ellos San Lorenzo, Meriño, El Tabaco y Minas del Frío.

Ese fue un período de una constante correspondencia entre Fidel y el Che, consultándose mutuamente las maniobras a ejecutar. A veces Fidel deseaba que los partes e informes que le llegaban fuesen también leídos por el argentino, para juntos analizarlos y llegar a conclusiones.

En un mensaje, durante el desarrollo del combate de Meriño, le comentaba: “…a mí me parece que debemos vernos tú y yo, pues las mejores posiciones están o pueden estar en nuestro poder. El refuerzo sólo puede venir por San Lorenzo y yo te aseguro que no llega”.

Una vez derrotada la ofensiva enemiga, con la heroica  Batalla de Las Mercedes,  el 6 de agosto de 1958, Fidel confió en el Che para llevar la guerra a la provincia de Las Villas. No solo la cumplió, sino que  también fundó el Frente Sur de Las Villas, con un significativo papel en la estrategia final de la guerra liberadora.

UN MODELO DE HOMBRE Y REVOLUCIONARIO

Orgullo de haber compartido con él tantas luchas, conquistas y sueños, el Comandante en Jefe, rememoraba: “Era un ejemplo, tenía mucha moral y ascendencia sobre la tropa. Yo pienso que era un modelo de hombre. El Che era ya teórico, un hombre desinteresado, con todo tipo de iniciativas”.

En los diversos testimonios fidelistas sobre el Che, refulge el amigo entrañable, el combatiente íntegro, el dirigente inteligente y creativo, el humanista y el gran estadista.

Entre los muchos ejemplos que revelan la extraordinaria capacidad de encontrar soluciones magistrales, ante el estremecimiento provocado por un hecho, habrá que evocar siempre la reflexión del Che, cuando aludía la hora cenital en que el mundo vivió una alarma nuclear en 1962: “Nunca brilló tan alto un estadista como en los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre”.

El 18 de octubre de 1967, en la velada solemne en memoria del comandante Ernesto Che Guevara, en la Plaza de la Revolución José Martí, Fidel refería: “Somos capaces de apreciar todo el valor de su ejemplo y tenemos la más absoluta convicción de que ese ejemplo servirá de emulación y servirá para que del seno de los pueblos surjan hombres parecidos a él”.

FUENTES: Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria (1963) y Diario de un combatiente (2011); Frei Beto: Fidel y la religión (1985);  Ignacio Ramonet: Cien horas con Fidel (2006); y Aleida Plascencia Moro, Aleida Monal Rodríguez y otros: El Che Guevara en Fidel Castro. Selección temática 1959-1997 (2007).

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