Martí, el deber de seguir cabalgando hacia la verdad

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 19 mayo, 2026 |
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A 131 años de la caída en combate del Apóstol, Maestro y Héroe Nacional, la fecha invita a seguir estudiando su pensamiento, conocerlo con mayor profundidad y comprender por qué en el Manifiesto de Montecristi, suscrito junto a Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895, afirmó desde sus líneas iniciales: “La revolución de independencia, iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra”.

Desde el estallido glorioso del ingenio La Demajagua, en octubre de 1868, José Martí se puso en las filas de los combatientes independentistas, de ideólogo y tribuno del proyecto libertador, consciente de que no habría término medio en el empeño: “O Yara o Madrid”.

De la Guerra Grande y demás intentos redentores, sacó las lecciones útiles, las experiencias valederas, sobre todo, desechar el pernicioso regionalismo, el caudillismo y el “apego a las costumbres señoriales de la colonia”.

De igual modo, luchaba con la mirada puesta en no reproducir en la Isla los “desacomodos y tanteos” de las repúblicas americanas, forjadas a principios del siglo XIX, o los errores de acomodarse a “moldes extranjeros”, problemas que mostraban en mayor o menor grado.

Por eso, presentaba reiteradamente los grandes servicios de la total liberación de las Antillas al “equilibrio aún vacilante del mundo”.

Con tales propósitos, se incorporó a la guerra, para cumplir su deber, como él mismo formuló, pues sentía que si él la había convocado su responsabilidad comenzaba con ella.
En esta resuelta postura enfrentó criterios contrarios a su presencia en Cuba, pues algunos dirigentes entendían que debía garantizar desde la emigración todo el apoyo y los suministros.

No desechó la posibilidad de alternar los dos escenarios, pero mantuvo la voluntad de trabajar en la creación del Gobierno insurrecto, en votar una Constitución política y estar en el campo de batalla, mucho más, si había recibido las estrellas de Mayor General.

Fiel a sus convicciones, muere en combate en Dos Ríos, en la ferviente tierra de Jiguaní, el 19 de mayo de 1895. El General en Jefe, Máximo Gómez, quien reconocía su grandeza, anotó en su Diario de campaña, ese mismo día: “¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la noche; que al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento!”

DOS RÍOS: EL RETO HISTÓRICO

Quizás sea el combate de Dos Ríos el suceso independentista de más estudios y publicaciones, porque Martí, el estadista, el alma de la emancipación, murió peleando en la primera línea de fuego y, a la vez, contarse con pocos testimonios para la reconstrucción de la tragedia, a ello se agrega que los datos disponibles son contradictorios.

El que el Maestro cayera en su primera lid bélica, en una aparente escaramuza, casi en solitario, ha generado muchas especulaciones y tergiversaciones.

Uno de los grandes estudiosos de Martí y de su obra, el abogado y periodista Gonzalo de Quesada y Miranda, aturdido ante tantas versiones divergentes, señaló: “Probablemente, nunca se sabrá con certeza cómo se produjeron los acontecimientos”.

El prestigioso historiador villareño Rolando Rodríguez García, autor de dos libros luminares sobre Dos Ríos, contaba acerca del cúmulo de “relatos inexactos o documentos repletos de lagunas y sin contrastación adecuada” que complicaban y embrollaban la armazón real de lo sucedido.

“Hemos encontrado muchos relatos y escritos aferrados en retorcer los últimos días de Martí en Cuba, en especial, su caída en Dos Ríos, a pesar de las evidencias históricas en contra”, acotó el acucioso investigador.

No obstante, aseveró que los elementos esenciales se despejan: “Poco a poco los enigmas van desapareciendo, para dejar en su justo lugar al Martí combatiente, al dirigente de recia voluntad y de un estoicismo ejemplar”.

El entonces alférez Ángel Perfecto de la Guardia Bello, el joven que acompañó al Delegado en aquella carga “romántica”, quien debía aportar el testimonio principal para conocer la verdad, cayó en un ataque a la guarnición española de Las Tunas, en agosto de 1897, con 22 años, ostentando los grados de teniente coronel, sin dejar nada escrito.

En tanto, el relato de su medio hermano, el teniente Dominador de la Guardia Diéguez, próximo al desastre, solo narra que Martí y su compañero de ocasión quedaron 50 metros por delante de las tropas cubanas y se convirtieron en blancos perfectos para las fuerzas enemigas.

Del bando español se ha divulgado la versión del capitán Antonio Serra Orts, quien conoció de la muerte de Martí, una vez concluida la balacera, mediante su homólogo Enrique Satué Carbonell: “¿A que no adivinas a quién hemos matado?” Enseguida pensó en alguien “grande” y enunció: “A Máximo Gómez”.

Pero por respuesta recibió el aliento de que andaba cerca, pero no pudo adivinar que fuera Martí. Fue tan inmensa su perplejidad que solo atinó a decir: “¡Imposible!” Pero tras aspirar un poco de aire, comentó con tino: “¡Pero, señor! ¿Por qué se batía Martí en vanguardia? ¿Es posible que un futuro Presidente de la República cubana, se bata como un guerrillero? ¡Aquí hay misterio…!”.

ADMIRACIÓN DE AMBOS BANDOS

Discusiones aparte, la muerte de Martí ensanchó ante los ojos de miles, de ambos bandos en disputa, la inmensa talla del hombre de La Edad de Oro y el periódico Patria.

Entre los valiosos testimonio debe tenerse presente el reflejado por El Generalísimo Máximo Gómez, en carta publicada en el periódico habanero El Mundo, el 19 de mayo de 1902: “Yo no he conocido otro igual en más de 30 años que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la Patria”.

El coronel español José Ximénez de Sandoval, comandante de la media brigada, compuesta de 600 efectivos, que libró la acción de Dos Ríos, al despedir el duelo del Héroe cubano en el cementerio de Santa Ifigenia, subrayó: “Lo de Dos Ríos no fue una victoria; allí murió el genio más grande que ha nacido en América”.

La certeza de la muerte de Martí dio lugar a numerosas expresiones de dolor y de duelo espontáneo. Las más conocidas son las de los emigrados, obviamente, al poderlas publicar en la prensa al no estar sometidas a la censura. El centro del debate giró alrededor de si había sido conveniente o no su marcha a los campos de la patria.

Los intelectuales hispanoamericanos, muchos de ellos sus amigos personales, lamentaron la desaparición física del escritor cubano al que leyeron durante años en libros y periódicos. De nuevo afloraron los juicios críticos por haberse incorporado a la campaña armada.

En sentido general, primó que el lugar de Martí era la emigración, el periodismo y la tribuna. Si bien, semejantes razones llevaban a primer plano sus extraordinarias capacidades de liderazgo, ponía de relieve la escasa comprensión de la talla moral, la responsabilidad de Martí como dirigente político de la Revolución, su voluntad de toma de decisiones y su valentía a toda prueba.

LA BATALLA INFINITA

En el escenario de Dos Ríos, José Martí se zambulló para el baño en las aguas del río Contramaestre, conversó amistosamente con el prefecto José Rosalío Pacheco Cintra y su esposa Emilia Sánchez Collé, escribió circulares militares, redactó la conocida carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado de la Paz y recibió al General Bartolomé Masó y sus hombres de Manzanillo, Bayamo, Niquero, Campechuela, Yara y Guisa.

Quizás las polémicas en torno al lugar del acontecimiento no se diriman completamente, porque el destino quiso que subsistiese algo para la viveza y la curiosidad del arcano. Pero de lo que jamás habrá incertidumbre, es que el poeta, el filósofo, el Apóstol, continúa cabalgando en Baconao, llevando su revólver en ristre y con la mirada ardiente en dirección al sol.

A nadie le quedará dudas de que de su alma los versos brotaron emotivos, justos, altivos y visionarios, para recalcar que Dos Ríos no sería el final, sino el trazado del camino sacrificado y honroso de la victoria. Martí es la fuerza infinita de la nación, el gran legado político-moral, y el de las banderas de la Patria siempre alzadas.

FUENTES: Máximo Gómez: Diario de campaña (1940); José Martí: Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos (1941) y Obras Completas (1963); Rolando Rodríguez García: Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente (2000) y Martí: los documentos de Dos Ríos (2001); y Colectivo de autores: José Martí: 130 años de su caída en combate (2025).

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