¿Tóxico pero atractivo?

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Por Maria Karla Castillo Bavastro | 8 junio, 2026 |
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Desde que tengo memoria, he sido una ávida lectora. Mis primeros encuentros con la literatura fueron en el mundo de los cuentos y las novelas juveniles, con héroes y heroínas enfrentando aventuras y romances emocionantes.

No obstante, con el paso del tiempo, he comenzado a cuestionar no solo el contenido de lo que leo, sino, también, el impacto que estos relatos tienen en los lectores. En particular, me intriga el fenómeno del dark romance o romance oscuro, en su traducción al español, un subgénero que ha ganado popularidad en los últimos años.

¿Es realmente saludable su consumo o simplemente otra fantasía que distorsiona nuestra percepción de las relaciones interpersonales?

Se caracteriza por tramas que -a menudo- incluyen elementos de amor tóxico, relaciones abusivas y situaciones moralmente cuestionables. A pesar de esto, su popularidad sigue en aumento. Me pregunto cómo es posible que muchos se sientan atraídos por historias que retratan dinámicas tan problemáticas. ¿Es una forma de explorar deseos reprimidos o una manera de escapar de la realidad?

La psicología detrás de este fenómeno es compleja; puede que algunos encuentren en estas narrativas un espacio seguro para explorar sus propios miedos y deseos sin las consecuencias del mundo real.

Las redes sociales han desempeñado un papel crucial en la difusión del dark romance. Plataformas como TikTok e Instagram han permitido que los lectores compartan sus opiniones y recomendaciones, creando comunidades alrededor de este género.

De esa forma, se ha facilitado que más personas se expongan a estas historias, lo que plantea la pregunta: ¿es este un fenómeno pasajero o ha llegado para quedarse? La viralidad de ciertos títulos sugiere que hay un interés genuino y duradero en estas narrativas oscuras.

Su auge no es algo nuevo, la popularidad de obras como Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, que aunque no se clasifica estrictamente como dark romance, abrió la puerta a una mayor aceptación de temas sexuales, tabú en la literatura mainstream (corriente o tendencia).

Sin embargo, el verdadero origen puede rastrearse hasta autores anteriores, como Anne Rice, quien exploró temas oscuros y complejos en sus novelas sobre vampiros y relaciones prohibidas.

Lo fascinante es cómo estos relatos han evolucionado para incluir personajes que son a la vez atractivos y perturbadores. Los protagonistas suelen ser antihéroes con pasados traumáticos, lo que añade una capa de complejidad a sus acciones.

Esta dualidad resulta cautivadora para quienes a menudo se sienten atraídos por la idea de redención y la posibilidad de cambiar a alguien mediante el amor. Sin embargo, esto también plantea preguntas sobre lo que consideramos aceptable en las relaciones románticas.

El hecho de que muchas personas lo disfruten a pesar de reconocer que no estarían dispuestas a participar en una relación similar en la vida real es un punto crucial. Esto sugiere que hay una separación entre la ficción y la realidad.

Los lectores hasta disfrutan de la intensidad emocional y la adrenalina, sin desear experimentar esas dinámicas en su propia vida. Pero, ¿hasta qué punto esta separación es saludable? ¿Podría llevar a una normalización de comportamientos tóxicos?

Además, es importante considerar el papel de las editoriales y el marketing en la promoción de este género. El modo en  que exhiben estas historias puede influir en la percepción del público sobre lo que es aceptable en las relaciones.

Al mostrar el dark romance como una forma de escapismo o liberación sexual se corre el riesgo de trivializar las serias implicaciones de las dinámicas abusivas que -con frecuencia- se representan.

En este sentido, puede ser visto como un reflejo de nuestras propias luchas sociales y culturales. En un mundo donde las conversaciones sobre consentimiento y relaciones saludables están en auge, este género puede parecer una contradicción.

Empero, también resulta oportunidad para abrir diálogos sobre lo que verdaderamente significa amar y ser amado, y los límites que debemos establecer.

Como lectora y periodista, creo que es vital abordar este tema con una mente abierta, pero crítica, reconociendo tanto su atractivo como sus peligros. Al final del día, la literatura tiene el poder de influir en las percepciones y comportamientos, y es nuestra responsabilidad discernir qué mensajes queremos llevar con nosotros a la vida real.

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