Oficio para respetar

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Por Yoenis Pompa Silva | 1 mayo, 2026 |
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FOTO / Yoenis Pompa Silva

En las sombras del alba, cuando Bayamo aún sueña, Osmani Argel Acosta González, empuña su escoba como quien sostiene un pincel.

Hace 24 años, este hombre de manos callosas y corazón inmenso, se dedica al noble oficio de embellecer el entorno citadino.

“Barrer es un arte. Hay que impregnarle pasión, amor y sentimiento como una canción, al ritmo de la escoba”, sostiene, al tiempo,  recuerda cuando llegó a servicios comunales.

“Tenía 34 años de edad; siendo obrero de la construcción un día un amigo me habló de trabajar en la empresa de Comunales; allí  comencé en saneamiento chapeando áreas verdes, amontonando desechos sólidos, hasta que me propusieron limpiar calles, y en ese puesto estoy en el cual pienso jubilarme”, asegura.

Desde las primeras horas de la madrugada este arcángel de la limpieza, mantiene la pulcritud en el área de la Avenida Granma, en Bayamo.

“Me gusta ver la ciudad limpia, el bordillo brillante, la acera impecable. Es placentero ver el trabajo terminado después de horas de duro bregar, entre el polvo y la basura.

“Cuando todos duermen, al sereno, sea en tiempos lluviosos o festivos, garantizamos la belleza de la ciudad, la higiene comunal y sanitaria, por eso pienso que barrer no denigra como algunos piensan. El barrendero es humilde, sensible y sociable”, describe.

Añade que este oficio forma valores, y todos los días incorpora nuevos conocimientos al entrar en contacto con la vida social.

“Aprendo de la gente que pasa y se detiene a conversar conmigo, ya sea profesional o no, también de la vecina que me brinda el trago de café junto a la salida del sol. Lo importante es adquirir cultura, es por ello que digo: barrer calle es una academia.

Ante la compleja situación que enfrenta comunales para la recogida de desechos sólidos, Osmani sugiere,  rescatar lo que era comunales, la pulcritud bayamesa.

“Es necesario  lograr una ciudad más limpia y organizada;  ante microvertederos improvisados en cualquier esquina, basura que bloquean las vías férreas, urge participación ciudadana, una cultura cívica y responsable, así como, mejor remuneración salarial  y recursos básicos para trabajar, y estrategias de ciclos de recogida”, agrega.

En la familia como padre, abuelo, esposo es colaborativo en la rutina doméstica. Enfrenta los retos del día a día del cubano de hoy, pero sin descuidar la responsabilidad de su oficio, el cual lo extrapola a su hogar.

“Si no eres limpio en casa, no lo eres en la calle; uno es el reflejo de la casa”, afirma, al tiempo que subraya que la organización y la higiene viene desde cuna.

En su elocuente narrativa, revela una cultura profunda forjada en 12 grados de escolaridad pero que ha acrecentado.

Como autodidacta le apasiona los libros y gusta de estar informado, además de poseer una fluidez comunicativa y sensibilidad humanista, que trasciende el estigma de su oficio.

Expresa que profesionales, maestros o médicos,  por citar ejemplos, han sido parte del gremio, o ex reclusos que son reinsertados en la sociedad.

Cuando este Primero de Mayo, los trabajadores celebran su día, bajo el lema La Patria se defiende, Acosta González,  expresa que está dispuesto a cambiar la escoba para empuñar un arma, si fuera necesario.

“Después que dejemos las calles limpias, al amanecer, desfilaré con mi sindicato escoba en mano, simbolizando mi compromiso con la higiene comunal; pero si hiciera falta, también, quiero mi AKM para defender la Revolución”, destaca.

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