Amor por el estrado

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Por Yelandi Milanés Guardia | 24 diciembre, 2018 |
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FOTO/ Yelandi Milanés Guardia

Desde sus años de estudiante de Derecho, Daniel Cisneros Gil sabía que su vida profesional estaría ligada a los tribunales, porque siendo universitario tuvo gran vinculación con esta institución jurídica de la cual nació un amor consolidado que ya tiene 26 años.

A partir de su graduación en 1992 se desempeñó como juez titular en el Tribunal de Manzanillo atendiendo la sección civil y laboral, y a seguidas funge  como presidente en ese municipio, luego en Yara y posteriormente dirige la sala segunda penal del Tribunal Provincial Popular (TPP) con sede en el costero territorio. Desde el 2014 preside el Tribunal Municipal Popular de Bayamo.

Para Cisneros Gil el juez cubano, a diferencia de sus similares en el mundo, está insertado en el pueblo y vive su cotidianeidad, por eso al administrar justicia lo hace en nombre del mismo.

“Debe distinguirse por ser un servidor público ético, humano, respetuoso, atento, tratable, fiel a la ley y responder a los intereses de la Revolución, cultivando un gran prestigio y moral.

“Para administrar justicia se necesita una buena preparación para ser lo más eficiente posible en nuestro ejercicio, porque ningún caso se parece a otro, y en la medida que la sociedad se va desarrollando así mismo se van complejizando los casos.

“Hoy te puedo hablar de procesos judiciales relacionados con la informatización que como nuestro Código Penal es de abril de 1988, y en ese tiempo no se pensaba en estos delitos, ello nos obliga a tratarlos por normativas relacionadas con estos hechos.

“Con respecto al proceder solo debemos obediencia a la ley, pero el poder atribuido por las normas no nos da el derecho de maltratar a los implicados en un juicio, porque quienes tenemos delante son seres humanos que cometieron un error pero debemos tratar de reinsertarlos a la sociedad, luego de cumplida la sanción emitida”.

Entre los casos que han marcado su vida profesional habla sobre uno en el cual cuatro personas asesinaron a una y se les solicitó la pena de muerte a dos de ellos, pero el Consejo de Estado la conmutó por 30 años de privación de libertad.

“Esa fue una situación conmovedora, por todo lo que implicó y por mi poco tiempo de experiencia”.

Entre los preceptos fundamentales de los jueces Cisneros Gil menciona el principio de imparcialidad, el cual permite no inmiscuirse con ninguna de las partes en litigio y hacer cumplir eficientemente la ley, sin favoritismo.

“Aunque no me alegra que las personas cumplan la sanción dictada, porque eso afecta a una familia, siento mucha satisfacción profesional cuando apelan porque consideran el proceso injusto y el Tribunal Supremo falla a nuestro favor.

“Pero para ello debemos garantizar calidad en el procedimiento, lo cual deriva del respeto al término establecido, del cumplimiento con el debido proceso (imparcialidad, respeto a las partes, garantía de defensa, acceso a la justicia y cumplimiento del rol del fiscal) del buen dictamen y de la ejecución de la sentencia.

“Uno de los acontecimientos más memorables fue la primera vez que me puse una toga, porque es un atributo digno de respeto y por eso considero que al salón de juicio los representantes de las partes deben entrar con ella.

“Aunque hay ocasiones, como el trabajo con menores, en el cual podemos despojarnos de la toga para que el niño no se sienta cohibido ni coaccionado, y así nos ganemos su confianza.

“Hoy con iniciativas como los tribunales puertas abiertas, dejamos de ser herméticos y hemos facilitado el acceso de la población y los organismos a nuestras instalaciones, porque estamos conscientes que uno de los principales problemas de los cubanos es la falta de cultura jurídica, pues el desconocimiento de temas legales nos lo demuestra.

“En nuestro día, mi mensaje tanto para fiscales como para jueces, es seguir en combate porque la legalidad y la Revolución necesitan de nosotros”.

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