El arte militar en la contienda del 68

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Por Yelandi Milanés Guardia | 14 octubre, 2018 |
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Cuando comenzó la guerra de los Diez años no había, en la actividad práctica de quienes la estaban organizando, un arte militar consolidado ni autóctono.

El mismo comenzó a surgir en el curso de la lucha armada, multiforme, imitando al español en algunos aspectos, ingenuo a veces y guiándose por el pensamiento de veteranos combatientes, especialmente dominicanos que se incorporaron tempranamente a nuestras filas.

Los de la mayor de las Antillas fueron aprendiendo, en la cruenta y rigurosa escuela de las acciones combativas, cuáles eran las formas organizativas más convenientes para las unidades; qué composición de las armas era la más adecuada para el tipo de terreno donde debían actuar.

También conocieron qué procedimientos arrojaban mayores dividendos; qué tipo y modalidad del combate era preferible en cada caso; cómo aprovechar el terreno y el clima; de qué forma utilizar con la mayor eficiencia el tipo de armamento y de hombre disponible; y de qué medios valerse para organizar y realizar los aseguramientos combativos.

La protección a la población civil y cómo llevar la dirección estratégica de la lucha armada también eran prioridades de la guerra mambisa.

En otras palabras nuestro arte militar surgió en la práctica bélica, asimilando con rapidez el estilo guerrero de la época y adecuándolo a las condiciones concretas en que se desarrollaba el conflicto en Cuba.

Inobjetablemente las experiencias recogidas de otras contiendas, acaecidas tanto en Europa como en América, contribuyeron a incrementar los conocimientos bélicos.

Debido a la sorpresa lograda con el alzamiento del 10 de octubre de 1868 y las victoriosas acciones iniciales del Ejército Libertador, los españoles se vieron obligados a pasar a la defensa estratégica, hasta que la llegada de tropas procedentes de la península les permitió lograr primero el equilibrio y después tomar la iniciativa.

Luego nuestras tácticas y estrategias fueron depurándose porque fueron despojándose de concepciones ajenas, de pretensiones desmesuradas; de expectativas sin fundamento, de procedimientos, formas y métodos inoperantes y de la mayor parte de aquellos criterios y puntos de vista ineficaces en la práctica.

La forma de pelear fue ganando homogeneidad, sin perder el estilo personal de cada jefe.

Hubo un momento en que la iniciativa estratégica y táctica estaba en manos de los españoles, y los independentistas se vieron obligados a combatir hasta equilibrar la situación y posteriormente comenzar a inclinarla a su favor, lo cual es una muestra visible de que el arte militar cubano estaba rebasando exitosamente la etapa de la adolescencia para entrar pujante en la adultez.

Un ejemplo de lo anteriormente dicho es la invasión de Gómez a Guantánamo, iniciada en agosto de 1871. En Camagüey lo determina el rescate de Sanguily en octubre de ese propio año y luego la campaña del generalísimo en Las Villas, comenzada en enero de 1875.

La tercera etapa de desarrollo se caracteriza por la aparición de acciones combativas de gran envergadura favorables a los mambises y de varias operaciones exitosas realizadas de forma simultánea.

A lo largo de la etapa la iniciativa perteneció a los cubanos y se consagraron numerosos jefes como brillantes tácticos y estrategas, lo cual manifiesta la aparición de un pensamiento militar sólido y exitoso, que no fue derrotado por las armas sino por las subjetividades y la desunión.

 

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