La suerte de Camila Arteche

La destacada actriz y conductora cubana, estuvo en Niquero recientemente, como invitada al IV Festival itinerante de cine comunitario, momento en el cual reveló a La Demajagua interioridades de la actuación en el país, de su vida personal y artística.  
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Por Geidis Arias Peña | 30 mayo, 2017 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Desde niña lo tenía claro, “voy a ser actriz”, le decía a su madre, al tiempo que fue consecuente con el sacrificio de esa meta y comenzó por dedicarse durante años, los domingos, a un programa de radio. 

Quizás, hoy, cuando Camila Arteche pronuncia la palabra “suerte”, evoca  un resultado de aquel esfuerzo, que no combina con la justificación de los fracasados, sino ante las realidades de la actuación en el país.

“En Cuba hay pocas posibilidades de trabajo para todos los que estamos en este medio y, digamos, que he estado en el lugar indicado o no sé…, pero, tal vez, sí se le pudiera llamar suerte, he tenido casi siempre trabajo.

“Se realizan muy pocas películas al año, casi ninguna es de producción completamente nacional; en televisión cada vez tenemos menos opciones, porque se hacen pocos teleplay, ni cuento, tampoco novelas y se quitaron los espacios de aventuras, entonces, qué queda para los actores”.

Una expresión de duda congela, unos instante, el rostro de la joven artista, quien, a pesar de la “sequía” audiovisual y con apenas seis años de graduada, ya tiene “un montón de obras de teatro”, varios proyectos televisivos y cinco filmes en su currículo.

“Bailando en Cuba, es lo más difícil que he hecho en mi vida, porque la dualidad de trabajar en  la televisión para millones de personas y estar, al mismo tiempo, frente a un teatro para ese otro público, es muy difícil; estar con un chicharito en el oído que te indica lo que debes hacer y a la vez hablar es muy difícil; tener el texto y al unísono improvisar y volver a caer en el texto resulta complicadísimo también; y lo otro, como actriz estoy acostumbrada a hacer personajes, y ahí era yo”, dice con una sonrisa, que no abandona aunque el tema a debate duela.

Mientras en el cine disfrutó su desempeño en rodajes nacionales, como Bailando con Margot y El Acompañante.

“Yo había hecho antes cine, pero nunca con directores cubanos. Mi primera película fue con Venezuela y,  la segunda, con un director norteamericano, pero lo de uno, es lo de uno.

“Las grabé al mismo tiempo a  las dos, lo que fue superagotador, de mucho trabajo, de estudio y horas sin dormir, porque eran diferentes épocas, personajes, diversa imagen”, suspira lento, suelta una carcajada y cuenta que los peluqueros la querían matar, pero “aprendí muchísimo de ambas experiencias.

“La última que hice saldrá este año, Sergio y Serguei, de Ernesto Darana”, destaca.

Detrás de Lisandra, la paciente optimista con sida, Celesta, una joven revolucionaria, empleada doméstica de una mansión habanera, u otros personajes de los filmes precedentes, se descubre a una Camila Arteche amante de rodearse de amigos y de compartir con la familia, intrépida y capaz de complementar la vida y su sueño.

“Hago cabaret, es mi comida, la mantención de mi familia; también tengo la suerte de eso y de poder escoger, de alguna manera, ciertas cosas que hago. Gracias al cabaret me pude hacer mi casa, encima de la de mi mamá y mi abuela”, ejemplifica satisfecha.

“Ahora mismo estoy en el Habana Café, del capitalino hotel Meliá Cohíba con PMM, pero estuve tiempo en Macumba Habana, con varios proyectos audiovisuales, como Habaneando y en Tropicana”, agrega, y tras una pausa para tomarse unas fotos con admiradores, vuelve al diálogo.

-Entre el cine, el teatro y la TV, ¿con qué te quedas?

-Con todos, todos son diferentes y tienen su encanto. Lo importante es enamorarse de cada cosa que hagas, de involucrarte en el trabajo y de comprometerte y hacer lo mejor que puedas. El Teatro es superefímero, el actor tiene muchas más libertades; el cine es para la historia; la TV, sobre todo en Cuba, es la manera de llegar más a la gente, porque es donde más te ven, y la Radio, desde niña me ayudó,  hice entrevistas en vivo, o sea,  para reaccionar rápido me sirvió, hasta el cabaret te da experiencia.

“El público debe confiar en que vendrán muchas cosas buenas”.

Con el paso de los años probablemente la madre de la pequeña que anhelaba ser actriz entendió que no se trataba de una simple quimera, sino de la conquista del presente, que se debate en la suerte del sacrificio y lleva al éxito.

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