Educar, reto de familia

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Por Denia Fleitas Rosales | 9 junio, 2026 |
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La educación, si bien se sostiene en el trabajo de maestros e instructores en las aulas, se cimienta especialmente en el espacio íntimo del hogar.

El contexto cubano actual de limitaciones materiales y un cierre de curso diferente, condicionado por el reforzamiento del bloqueo norteamericano, impone el reto a la familia de asumir ese rol, más decisivo y protagónico, en la formación educativa de los hijos.

El llamado, más que a la supervisión de la memorización de contenidos, es a garantizar la profundidad en el aprendizaje, indispensable para el desarrollo integral de cada estudiante.

Como padres o abuelos, quizás hermanos o tíos, estamos en la obligación de reorganizar las dinámicas y ser entes mediadores en el proceso de adquisición consciente de conocimientos, tanto con el apoyo para la comprensión de los contenidos, como en la exigencia para que nuestros bisoños refuercen sus hábitos de estudio.

Desde el ejemplo, también estamos en la obligación de transmitirles valores que complementen la enseñanza escolar y sostengan la calidad de la formación. Así, lograrán que exista coherencia entre la conducta y los valores aprendidos en el hogar.

El pensamiento de Félix Varela de que “enseñar a pensar es la tarea más importante de la educación” toma un valor primordial en estas circunstancias. Aplicar la máxima en casa ayudará a las nuevas generaciones a configurar una mente crítica y reflexiva, con la capacidad de adaptarse, de aprender en cualquier contexto, de dar riendas sueltas a la curiosidad que les caracteriza, y cultivar un instinto innovador, investigativo y desarrollador del aprendizaje, conforme a sus potencialidades, y más allá del uso de las tecnologías digitales y las soluciones que ofrece la inteligencia artificial.

“La educación comienza en el hogar y allí encuentra siempre su más firme apoyo”, sentenció Enrique José Varona. Tal expresión pedagógica se torna en premisa insoslayable. La integralidad del educando tiene cauce en la congruencia de la enseñanza de escuela y familia. La de ambas se complementa, y originan una capacitación plena en cada niño, adolescente o joven, para proyectar hábitos, valores, inquietudes científicas, y moldear un hombre o mujer capaz de interpretar y comprender la realidad circundante y actuar con responsabilidad.

A la par del interés y esfuerzo del Ministerio de Educación debe ir enfocado el de los padres. Si desde las instituciones se asegura a cada estudiante la continuidad de su preparación, y a los muchachos de los grados terminales se garantiza una plaza en niveles académicos superiores, en correspondencia con las necesidades territoriales y al sueño o solicitud; nosotros debemos ser propulsores de una educación que persiga la libertad y el crecimiento humano, alcanzable en el horizonte de la cultura.

Educar en el escenario actual implica compromiso y constancia, ánimo de proveer la esencia humanista más que el yo egocentrista y la competitividad. A la luz del pensamiento pedagógico cubano y de los desafíos presentes, la familia está en el deber de proveer a la educación de sus hijos la profundidad y sentido de trascendencia del marco docente. De esta forma podrán nuestros hijos creer en su talento y virtud, y crecer.

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