
Conversar con un profesional tan talentoso y sencillo, como lo es el Dr. Ángel Serafín Camacho Gómez, resulta un privilegio que pocas veces se tiene. A sus cualidades humanas, une una voluntad de servir, y de sobreponerse a las adversidades, que asombra a quienes tienen el privilegio de compartir con este galeno villaclareño.
En su comportamiento, tienen mucho que ver sus raíces campesinas y la familia que lo educó allá en la pequeña comunidad de Maguaraya, perteneciente al municipio de Cifuentes, lugar donde dio sus primeros pasos en la vida y tuvo unos maestros encantadores que contribuyeron a forjar el hombre de bien que es hoy el doctor Camacho, como todos lo conocen.
Este ángel que tantas vidas ha salvado en el hospital pediátrico universitario José Luis Miranda, de Villa Clara, es también especialista de 1er. y 2do. Grados en Medicina General Integral y en Neurocirugía, y gracias a su pericia como galeno ha ganado una amplia reputación que hace sea una persona muy conocida entre enfermos, familiares y compañeros de labor.
«Aunque llegué a la medicina casi de casualidad, pienso que es lo mejor que me ha sucedido, porque no creo que haya otra labor más importante y más noble que la de salvar vidas», dice el doctor con la modestia que lo caracteriza, al tiempo que reconoce la complejidad de trabajar con niños, algo de lo que no se arrepiente.
Como neurocirujano, el doctor Camacho Gómez destaca en su labor formadora de la nueva generación de médicos en esta especialidad, en lo cual reconoce que es muy riguroso con los residentes, a los cuales trata de ayudar en todo lo que pueda y de enseñarles los secretos de la profesión, aunque a la hora de la evaluación es muy severo, como debe ser.
MÉDICO E INNOVADOR
Cuando se hable de una persona con capacidad para sobreponerse a las muchas adversidades que a diario se le presentan al personal que labora en el sector de la salud, a causa de la política de asfixia que nos impone el vecino del norte, hay que reconocer al doctor Ángel Camacho Gómez, un profesional que con sus novedosas innovaciones ha logrado salvar la vida de muchos infantes.
Detrás de sus hazañas y la del equipo que labora junto a él, hay una aptitud y una voluntad de no cejar en el empeño, de no dejarse vencer por las dificultades, porque en ello va la alegría de un niño y la de sus familiares, algo, que según él, no tiene precio.
Esa pericia como galeno, fue lo que lo llevó a crear un succionador mínimamente invasivo para solucionar las depresiones óseas en el cráneo de neonatos y lactantes, innovación que mereció el pasado año el Premio al mayor impacto económico y social en Cuba, concedido por el Buró Nacional de la Asociación de Innovadores y Racionalizadores (ANIR).
«Se trata de un dispositivo creado artesanalmente, por la necesidad que había en el servicio de neurocirugía de dar solución a un problema bastante frecuente en los niños, sin tener que llegar a una cirugía convencional, que traería grandísimos riesgos», explica el prestigioso neurocirujano, quien con su inventiva dio respuesta a la carencia de un equipo que hoy no existe o está deficitario en nuestros hospitales por razones más que conocidas.
El instrumento eleva la depresión ósea hacia su posición normal, y así se evita una cirugía riesgosa e invasiva, en extremo costosa, y en ocasiones no exenta de graves consecuencias. Al emplearse el dispositivo, el hueso retorna a su posición normal, sin necesidad de tocar la piel del paciente.
Sobre la idea de confeccionarlo, explicó que esta no surgió en Cuba, sino en Angola, mientras cumplía misión. «Allí, nos llegaban a diario varios casos y estaba agobiado, porque era el único neurocirujano en el hospital donde prestaba servicios. Yo conocía el dispositivo, porque lo había visto y un día me dije: Cuando vaya para Cuba voy a hacer uno para ver si resulta, y eso hice al llegar aquí con la ayuda de los anestesiólogos que me acompañan en el salón de operaciones.
«Luego de regresar de la misión, una tarde-noche llegó aquí al pediátrico un caso proveniente de la provincia de Sancti Spíritus. Hablé con la anestesióloga Florinda López de la Cruz, le propuse el proceder, ella estuvo de acuerdo y lo hicimos. Después perfeccioné lo que había creado y diseñé un succionador propio, totalmente artesanal, que es el que he presentado en todos los fórums y las ferias de innovación», explica el doctor.
Entre las ventajas que supone el uso de este dispositivo, que es mínimamente invasivo, Camacho señala que con él se produce un considerable ahorro de materiales gastables, hemoderivados, antibióticos, medicamentos anestésicos y estadía hospitalaria, porque el proceder se hace en menos de un minuto, además de permitir una recuperación muy satisfactoria del paciente, al no tener que abrir el cráneo.
Habla, de igual manera, del impacto en la familia, que también es grande. Al respecto, recuerda el primer proceder que hizo a una bebé, de tres o cuatro horas de nacida, la que operó con ese succionador en menos de un minuto. Cuando el padre de la criatura lo vio salir del salón le dijo: «doctor, usted no puede haber acabado ya, eso no es posible».
Para tener una idea de la efectividad de la innovación y su importancia, baste decir que a pesar de haber sido empleado desde 2020 a la fecha en varios hospitales del país, en ningún caso se han producido complicaciones.
Con anterioridad el especialista e innovador de la salud, había sido reconocido por el craneótomo eléctrico que diseñó junto a un grupo de especialistas, equipo que resulta muy rápido y preciso para realizar la apertura craneal. En el mundo, un equipo de ese tipo puede costar entre 25 000 y los 30 000 dólares, en tanto los más sofisticados ascienden a 40 000 dólares, lo que demuestra la importancia de esa innovación para Cuba.
Así es el doctor Camacho, el ángel, que cada vez que entra al quirófano piensa en que está cargando con la esperanza de una familia, el hombre sensible que es capaz de llorar cuando al terminar el acto operatorio, un pequeño recupera la conciencia, y el que dice con mucha humildad, que detrás de cada innovación, de cada noche en vela, hay una vida recuperada, y eso vale millones.
