
Las profundas transformaciones recientemente aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular, tras varios procesos de consulta popular, no constituyen meras respuestas a las acciones extremas del Gobierno de EE.UU. dirigidas a asfixiar al país; son, ante todo, oportunidades para salir fortalecidos, para mejorar en todos los ámbitos.
Sin embargo, nadie debe interpretar estas transformaciones como una renuncia del Estado a sus responsabilidades. Las formas de gestión no estatal están convocadas a complementar la economía, no a sustituir el papel protagónico de la empresa estatal socialista ni el deber estatal de garantizar el bienestar y la protección del pueblo.
La vida demuestra que solo el Estado tiene verdadera vocación de proteger a la población, de no dejar atrás a nadie y de no buscar enriquecerse aprovechando las necesidades de las personas de menores ingresos. Así debe continuar.
Nadie como el Estado, sus instituciones y las organizaciones de masas está en condiciones de organizar, alentar y conducir acciones que, en poco tiempo, pueden aportar al bienestar del pueblo, influir en el descenso de precios y estabilizarlos de manera sostenida.
En esta ocasión me referiré solo a algunos de los rubros que las familias más demandan y que pueden producirse de manera sostenida en nuestro territorio, no obstante las limitaciones.
¿Cuánto mejoraría la vida cotidiana si en Granma se produjeran, en los volúmenes necesarios, aceite vegetal, azúcar y pescado, por ejemplo? Una oferta estable de esos alimentos fortalecería la mesa familiar, ampliaría las ofertas gastronómicas y ayudaría a contener los precios de otros productos, como ocurría cuando había mayor disponibilidad de carne de cerdo.
Aceite vegetal: Disponer de aceite alivia preocupaciones, mejora la calidad de casi cualquier cosa que se prepare y amplía opciones en la cocina; una materia prima atractiva para lograrlo es el ajonjolí, como explicamos en Rompamos transparencias y construiremos futuro, del cual tienen suficientes experiencias en varios sitios, como Media Luna, Niquero, Guisa, Jiguaní y Bayamo.
El ajonjolí es un cultivo anual de ciclo corto, poco exigente, que llega a cosecharse en 90 días, aunque algunas variedades se extienden hasta 130 días; es decir, entre tres y poco más de cuatro meses, con rendimiento de 250 litros de aceite por hectárea.
Solo como método didáctico, pensemos en que Granma posee 40 mil hectáreas reservadas para la plantación de caña de azúcar, gran parte de las cuales no se aprovecha. Si el 30 por ciento de esa extensión (12 mil hectáreas) se dedicara a plantar ajonjolí, podrían obtenerse tres millones de litros de aceite, más de tres litros por persona en cada cosecha.
Azúcar: Como también publicamos, en el artículo Escasez de azúcar: Pequeñas soluciones para grandes problemas, salir de la crisis de edulcorantes naturales no depende de esperar por la recuperación de la gran industria; ni siquiera de echar a andar los centrales, y puede lograrse con relativa prontitud.
En países como Colombia, “con pequeños trapiches o guaraperas de diversos tamaños, cañaverales contiguos, y traslado de la gramínea en brazos o a lomo de bestia”, producen grandes volúmenes de raspadura y de azúcar mascabado (23,8 kg por persona al año). El último mencionado es un “producto no refinado, que conserva parte de su melaza; de color marrón oscuro, textura húmeda y sabor más intenso, parecido al caramelo”.
