Los cubanos merecen la generosidad de Estados Unidos, no su crueldad
Alejandro, un bebé prematuro nacido en la maternidad Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba apenas un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras yacía en una incubadora, una de las pocas en el edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían sufrido daños por las sobretensiones eléctricas que siguieron a los apagones nacionales.